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¿Pueden las personas cambiar… realmente?

liderazgo talento Oct 20, 2021

María José Goycoolea

Uyyyy… ¡cómo nos gustaría que esta pregunta tuviera una respuesta binaria: ¡Sí! ¡No! Aunque no lo admitamos frecuentemente, las personas somos complejas y son muchas variables las que entran en juego. 

La verdad es que somos como somos porque nos ha funcionado para conseguir nuestros objetivos y satisfacer nuestras necesidades a lo largo del tiempo. Las estrategias que usamos y las habilidades que hemos desarrollado para movernos en el día a día -tanto en situación normal como bajo presión- las hemos construido a través de nuestra historia y experiencias pasadas. De hecho, dos personas pueden tener estrategias totalmente distintas, incluso opuestas, para enfrentar un problema, obstáculo, o simplemente para conseguir lo que desean. 

¿Podemos cambiar nuestra personalidad?

Quienes trabajamos en el desarrollo de talento, en especial en temas de liderazgo, es común que recibamos preguntas como éstas a diario:

  • ¿Realmente se puede cambiar la personalidad? Si es así, ¿cuánto? 
  • ¿Qué estrategias o intervenciones funcionan mejor?
  • ¿Cómo podemos medir el cambio?
  • ¿El cambio se puede sostener en el tiempo?
  • ¿Cómo puedo saber si un proceso de coaching ejecutivo ha funcionado?

Prácticamente todos los programas de desarrollo de liderazgo tienen como objetivo el crecimiento individual y el desarrollo de lo que cotidianamente se denominan habilidades blandas, es decir, comportamientos basados ​​en la personalidad, tales como la humildad, la construcción y gestión de relaciones, la inteligencia emocional, las habilidades de influencia, entre otras.

Según los expertos, el desarrollo del liderazgo es una industria global de unos USD 370 mil millones, en la cual el 63% de las organizaciones utilizan el coaching ejecutivo para apoyar el crecimiento de sus líderes. “Los esfuerzos para cambiar o mejorar las habilidades sociales son difíciles de cuantificar, estudiar y medir, lo que dificulta el cálculo del ROI”, sostiene Jackie Sahm, Director de Global Learning de Hogan Assessments.

Pero… ¿cómo vamos a cambiar algo que aún no hemos definido?

Sahm sostiene que la única forma de hablar sobre el cambio de personalidad es primero definirla. Argumenta que, desafortunadamente, la psicología académica es de poca ayuda porque las definiciones varían enormemente. Incluso, si miramos la página de Wikipedia sobre personalidad comienza con: "si bien no existe una definición de personalidad generalmente acordada..."

Entonces… si no podemos definirla, ¿cómo podemos saber si ha cambiado? 

Los expertos de Hogan Assessments sostienen que la personalidad consta de cuatro partes interrelacionadas:

  1. Biología: tus genes, fisiología, sistema nervioso, hormonas, etc.
  2. Identidad: como te ves a ti mismo
  3. Comportamiento: lo que haces
  4. Reputación: cómo te ven los demás

En primer lugar, la biología puede cambiar su hasta cierto punto, por ejemplo, a través de intervenciones médicas, medicamentos farmacéuticos o -incluso- influencias no deseadas como una lesión cerebral traumática. 

Por otro lado, teóricamente, es posible cambiar la identidad, y éste es a menudo el foco de la psicoterapia u otros esfuerzos intencionales. Jackie Sahm sostiene que se desconoce la magnitud del esfuerzo de cambio de identidad, ya que cualquier efecto es subjetivo e imposible de medir de manera significativa.

El cambio

A la hora de referirnos a los potenciales cambios en la personalidad -en el contexto del desarrollo del talento- lo componentes que más debieran preocuparnos (y ocuparnos) son el comportamiento y la reputación. 

Intentamos apoyar en el cambio del comportamiento a través de procesos de retroalimentación y generación de autoconciencia, entrenamiento y el esfuerzo de desarrollo continuo, lo que -en teoría- debería resultar en un cambio de reputación con el tiempo. “A medida que la gente comienza a percibirte y tratarte de manera diferente (reputación), es posible que tú también comiences a verte de manera diferente (identidad). Esto es lo que llamamos el enfoque de desarrollo de fingir hasta que lo logres (“fake it ‘til you make it” approach to development)", dice Sahm.

Considerando las variables que comentamos, si nuevamente nos encontramos ante la interrogante ¿puede la gente cambiar su comportamiento?, la respuesta es: la verdad es que sí. 

Jackie Sahm explica que las personas cambian su comportamiento todo el tiempo con efectos reales y significativos. Sin embargo, los efectos del cambio de personalidad se parecen mucho a los resultados del comportamiento de salud, debemos mantener expectativas realistas. 

Es más fácil mover la aguja una cantidad modesta en lugar de anticipar una transformación total. “Por ejemplo, la probabilidad que una persona introvertida se convierta en una extrovertida es casi la misma que la de un fumador fuera de estado físico se transforme en un corredor olímpico. Sin embargo, con disciplina y esfuerzo, un/una líder introvertido/a puede practicar hábitos más extrovertidos para lograr un objetivo de desarrollo, de la misma manera que un fumador fuera de forma puede dejar de fumar y practicar mejores hábitos de ejercicio para lograr un resultado saludable”, enfatiza la Directora de Global Learning de Hogan.

¿Son algunos comportamientos más difíciles de cambiar que otros?

Posiblemente. Ciertos comportamientos intrapersonales -que implican autorregulación- son de naturaleza más biológica. “Cosas como la regulación emocional son muy complejas e involucran respuestas involuntarias en los sistemas límbico, nervioso y endocrino. Una persona ansiosa no puede simplemente decidir estar menos nerviosa y luego hacerlo. La ansiedad provoca respuestas fisiológicas automáticas, como un aumento de la frecuencia cardíaca, sudoración, cortisol, etc. Es posible que pueda reducir o controlar su ansiedad de manera significativa o -incluso- controlar la cantidad de ansiedad que transmiten verbalmente al mundo exterior. Ello puede crear un cambio de reputación”, explica Sahm. 

En general, es más difícil para las personas comenzar un comportamiento nuevo y desconocido que aumentar o detener un comportamiento familiar. Por ello, para iniciar el camino del desarrollo de una habilidad o la modificación de la reputación frente a un aspecto concreto, requiere menos esfuerzo realizar cambios pequeños pero consistentes y sostenibles en el tiempo. Crear una percepción sobre un ámbito puntual no cuesta nada, revertirla es mucho más difícil, por ello, el cambio de reputación requiere más esfuerzo y por mayor tiempo, para que los demás se den cuenta y lo reconozcan.

Cuando el cambio de comportamiento dura lo suficiente para que otros lo noten, esto crea la posibilidad de un cambio basado en la reputación. El problema con la reputación es que es increíblemente duradera y, al mismo tiempo, bastante frágil. Como dice Warren Buffett "se necesitan 20 años para construir una reputación y 5 minutos para arruinarla". 

Podemos medir el cambio

Como decía Bob El Constructor: “¿podemos hacerlo? ¡sí, po-de-mos!” Ufff… como decimos en Chile… ¡se me cayó el carnet! Pero la mejor manera de hacerlo no es tomar tests de personalidad cada 6, 12 ó 18 meses. La manera óptima de medir un cambio de comportamiento y su consecuente impacto en la reputación es con herramientas de medición de comportamiento percibido, como lo son las encuestas de retroalimentación en 360º. Al momento de elegir trabajar con alguna, asegurémonos que esté validada y que -idealmente- cuente con un benchmark sólido.

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